martes, 22 de enero de 2013

Psique en el Aqueronte



                     Las puertas del inframundo jamás se cerraron.

               Echad un vistazo leve pero inteligente a vuestro alrededor.

Hades, dios del Inframundo, cuando nadie se lo impide envía una horda de espíritus a vuestro mundo.

                Algunos tratamos de mantener una continua guerra en los límites del Aqueronte. Un rio invisible a los ojos humanos que separa vuestro mundo conocido del reino de los muertos.

                Durante milenios la literatura os hizo creer que esas puertas estaban cerradas. Algunos años el buen custodio de los que llamáis Ángeles así lo hizo parecer. Su merma en filas ha sido constante y prolongada quebrando el equilibrio entre lo que llamáis Bien y Mal.

                Hades en los últimos cien años ha logrado enviar a vuestro mundo más esbirros de lo normal. Creando un Caos a nivel mundial.

                Estos esbirros con espíritus ruines y cuerpos deformes eran castigados durante milenios sometiéndolos  a torturas impensables y atroces. 

                Los espíritus llegan a vuestro lado humano y se introducen en los cuerpos de niños inocentes. Viven como parásitos hasta que cumplen 16 años y “despiertan”. Algunos pasan la transición tomando plena posesión del cuerpo y otros, quedando restos de la antigua alma, terminan por suicidarse.

                Solamente algunas almas, con nuestra ayuda, logran anular y exorcizarse del espíritu. En agradecimiento pasan a ser nuestros vigilantes cuya tarea es observar dentro del Inframundo, pues aún conservan resquicios de su vínculo allí.

                Aquellos que terminan habitando el cuerpo, se convierten por los años en personas de gran renombre que toman posesión de altos cargos, sobre todo en el ámbito de la política y la religión.

                Nosotros intentamos dar con ellos.       

                Tres somos los que podemos ir y volver del Inframundo. Caronte es mi barquero, obligado por los dioses a llevarme y traerme de vuelta por el pago del óbolo. Durante una época coincidíamos muy a menudo en las vigilancias. No es viejo como cuentan las leyendas, es fuerte y joven. Va siempre cubierto de cadenas, esclavizado a la barca. Al estar en contacto con ambos mundos tiene una doble personalidad, y nunca sabes con certeza qué parte tienes enfrente. Estoy buscando un manuscrito que cuenta como romperlas y poner a algún desgraciado ocupando su lugar. Tengo fe en que pisando suelo humano deje su parte oscura en el rio. Ahogue su maldad en él y la deje atrás.

                Yo soy Psique, prometida con un loco. El Dios Eros. Una cosa es la versión oficial y otra la real. Eros es un loco demente que va jugando a todas horas con unas flechas que le regalo su madre, Afrodita. Hace que los matrimonios más estables terminen separándose, que el hombre más hermoso se enamore de la fealdad absoluta. Que lo racional se convierta en irracional y la locura del amor, es al fin y al cavo lo que regala, convierte a la mayoría de seres humanos en desgraciados. Alguna vez, presa de una inusual lucidez,  dispara dos flechas para que un hombre y una mujer se enamoren locamente y permanezcan juntos por el resto de sus vidas.

                Hará siglos me prometió que jamás me lanzaría una. Si conseguía de nuevo mi amor sería de una forma libre y sin manipular mi voluntad.

                Jamás volví con él cuando supe de la guerra en las puertas del Aqueronte. Eros medio enloqueció y Afrodita jamás me perdonó que lo cegara, le fuera infiel y  mucho menos que no regresara para formalizar mi matrimonio. Por eso aun sigo en este mundo humano y de mortales pues Eros tiene una paciencia eterna conmigo y espera que vuelva a su lado.

                Los dioses no bajan de su Olimpo desde hará siglos, pero Eros es una excepción, como si una madre dejara a su hijo salir a jugar al parque.

                A veces me siento un poco culpable del desamor que existe en la humanidad pero… se me pasa cuando veo a Eros medio desnudo jugando con su arco.

                He vivido como una simple mortal, el óbolo me lo ha permitido. Lo llevo incrustado en una cadena que me rodea la cintura, regalo del barquero.
                Todo está preparado. Después de tantos milenios solamente quedo yo, la única capaz de ir y volver. Y 300 años después es hora de regresar al mundo de los muertos. Esta noche emprendo mi viaje, mi destino: las Puertas del Aqueronte.

               

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