La vi sentada en la esquina de la habitación,
acurrucada en posición fetal. Su pelo totalmente enmarañado y cortado a
tijeretazos es lo primero que llamó mi atención de su lamentable estado. Se
arremangó, sus muñecas estaban extremadamente delgadas… Se me puso un nudo en
la garganta de ver a mi amiga así.
Había transcurrido una semana desde la última
tarde que quedamos a tomar café, llegó aquel día con su aspecto de Barbie
impecable. Hoy parecía que hubiesen pasado meses desde entonces.
-
No me van a dejar abrazarte.
-
No te preocupes te lanzo un beso, cógelo.
( levantando un poco la mano lo recogió y me
guiñó un ojo.)
-
¿Cómo estás María? - Le pregunté.
(Me senté al otro lado de la mesa, frente a ella.
Aprecié que le caía la saliva por la parte derecha de la boca. Tuve que
contenerme para no llorar.)
-
- Tengo que contarte algo… aquí no me creen pero tú, tú si me vas a creer ¿verdad?
-
- Sí, María, soy tu amiga, tu y yo somos grandes amigas. – Le sonreí para
tranquilizarla- Dime lo que quieras,
cuéntame..
(Miró hacía los lados y se me acercó. Sus ojos
estaban rojos y unas tremendas ojeras contrastaban con su extrema palidez. El color
veraniego que solía tener gracias a los Rayos Uva había desaparecido. )
- -
El otro día estudiando en el comedor de casa, eran sobre las 8 de la
tarde más o menos, empecé a escuchar unos ruidos en la cocina. Pensé que era Missi, pero mi gata estaba bajo la mesa.
Empezó a palpitarme el corazón, porque en casa no había nadie más.
- Tu bien sabes que es una casa antigua y los
inquilinos anteriores, en fin ya sabes…
(Asentí)
Luego continuó diciéndome:
-
- Puse atención para averiguar de qué se trataba, cuando de pronto escuché
el ruido que hace un cacharro lanzado contra la pared, me dejó
paralizada.
María… escuché.
Me estaban llamando… Alguien me estaba llamando.
-
- Acércate… me ordenó.
Yo me
incline hacia ella, María miro alrededor nerviosa. Se tranquilizó al ver que nadie
le prestaba atención, solamente yo. Y me dijo con un susurro:
-
-Era la voz de un hombre y en casa no había nadie. Pensé en coger mi
móvil pero estaba en la entrada y debía pasar por la cocina para llegar allí.
- - De repente todo se silenció otra vez, cesaron los ruidos, estaba
temblando. Tenía cerca unas tijeras y fui hacia la cocina… Entré allí y la
puerta se cerró. Caía agua del grifo sin yo abrirlo y las paredes de la cocina
se encorvaban. Empecé a gritar y gritar de horror. Levanté la mirada y vi una
sustancia negra y espesa cayendo del techo. Una masa que parecía tener vida y
se dirigía hacia mí. De entre los azulejos manaba sangre y empecé a escuchar
otra vez mi nombre. Susurrado y gritado, como un maldito canto gregoriano… y yo
gritaba y gritaba.
-
No quise ver aquello y me aferré al pomo de la puerta intentando
abrirlo. De repente algo se movía desde el otro lado, una sombra quería entrar,
la voz provenía de ella …. María.. María me llamaba…
La puerta se abrió y apareció una figura sin
rostro, con las cuencas de los ojos vacías. Empezó a abrírsele un agujero en
forma de boca, rompiendo la piel y sangrando mentras me llamaba:
-
"María, María…" y empezó a emitir palabras extrañas que
no entendía. Le salían bocanadas de sangre continuamente de la boca. Su cara se retorcía
para crear muecas deformes una tras otra. Se abalanzó sobre mí y presa del
pánico le clavé las tijeras en el hombro. Empezó a brotar muchísima sangre.
-Luego me desperté aquí en este antro atada a una
cama.
Amiga te juro que es verdad, te prometo que es lo
que vi…
Intenté tranquilizarla, decirle que no se
preocupara, ahora estaba a salvo en el Hospital.
- ¿Dónde está Marc?
Hace días que estoy aquí y aun no ha venido a verme. ¿Sabes cuando vendrá?
Mi estado de angustia rozó cualquier límite
tolerable. No supe que responderle. Marc, pobre Marc. Él era el compañero de
piso de María. Aquél día la escuchó gritar cuando subía las escaleras hacía su
piso. Entró rápidamente y como buenamente pudo abrió la puerta de la cocina
mientras María se lo impedía. Al entrar, ella le clavó varias veces unas
tijeras. A los ojos de María Marc era un monstruo.
Ahora está en el hospital recuperándose.
Me comentó que María escuchaba voces desde hacía
un par se semanas pero que no le quiso dar importancia.
María esta aquí, frente a mí. En el Hospital
Psiquiátrico de Bétera.
Nada fue real, solo en la cabeza de María.
Su diagnóstico: Esquizofrenia Paranoide.
-
¿Me crees? ¿Amiga me crees?- me preguntó
-
Si. – le contesté.
Y le sonreí y ella me sonrió.

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