sábado, 26 de enero de 2013

María







La vi sentada en la esquina de la habitación, acurrucada en posición fetal. Su pelo totalmente enmarañado y cortado a tijeretazos es lo primero que llamó mi atención de su lamentable estado. Se arremangó, sus muñecas estaban extremadamente delgadas… Se me puso un nudo en la garganta de ver a mi amiga así.

Había transcurrido una semana desde la última tarde que quedamos a tomar café, llegó aquel día con su aspecto de Barbie impecable. Hoy parecía que hubiesen pasado meses desde entonces. 

-          No me van a dejar abrazarte.
-          No te preocupes te lanzo un beso, cógelo.
( levantando un poco la mano lo recogió y me guiñó un ojo.)

-          ¿Cómo estás María? - Le pregunté.
(Me senté al otro lado de la mesa, frente a ella. Aprecié que le caía la saliva por la parte derecha de la boca. Tuve que contenerme para no llorar.)

-          -  Tengo que contarte algo… aquí no me creen pero tú, tú si me vas a creer ¿verdad?
-          - Sí, María, soy tu amiga, tu y yo somos grandes amigas. – Le sonreí para tranquilizarla-  Dime lo que quieras, cuéntame..

(Miró hacía los lados y se me acercó. Sus ojos estaban rojos y unas tremendas ojeras contrastaban con su extrema palidez. El color veraniego que solía tener gracias a los Rayos Uva había desaparecido. )

-         -  El otro día estudiando en el comedor de casa, eran sobre las 8 de la tarde más o menos, empecé a escuchar unos ruidos en la cocina. Pensé que era Missi, pero mi gata estaba bajo la mesa. Empezó a palpitarme el corazón, porque en casa no había nadie más.
 -  Tu bien sabes que es una casa antigua y los inquilinos anteriores, en fin ya sabes…

(Asentí)

Luego continuó diciéndome:

-          -  Puse atención para averiguar de qué se trataba, cuando de pronto escuché  el ruido que hace un cacharro lanzado contra la pared,  me dejó paralizada.
María… escuché.
Me estaban llamando… Alguien me estaba llamando.

-          - Acércate… me ordenó.

        Yo me incline hacia ella, María miro alrededor nerviosa. Se tranquilizó al ver que nadie le prestaba atención, solamente yo. Y me dijo con un susurro:
-          -Era la voz de un hombre y en casa no había nadie. Pensé en coger mi móvil pero estaba en la entrada y debía pasar por la cocina para llegar allí.

-         -      De repente todo se silenció otra vez, cesaron los ruidos, estaba temblando. Tenía cerca unas tijeras y fui hacia la cocina… Entré allí y la puerta se cerró. Caía agua del grifo sin yo abrirlo y las paredes de la cocina se encorvaban. Empecé a gritar y gritar de horror. Levanté la mirada y vi una sustancia negra y espesa cayendo del techo. Una masa que parecía tener vida y se dirigía hacia mí. De entre los azulejos manaba sangre y empecé a escuchar otra vez mi nombre. Susurrado y gritado, como un maldito canto gregoriano… y yo gritaba y gritaba.
-          No quise ver aquello y me aferré al pomo de la puerta intentando abrirlo. De repente algo se movía desde el otro lado, una sombra quería entrar, la voz provenía de  ella …. María.. María me llamaba…
La puerta se abrió y apareció una figura sin rostro, con las cuencas de los ojos vacías. Empezó a abrírsele un agujero en forma de boca, rompiendo la piel y sangrando mentras me llamaba:
-          "María, María…" y empezó a emitir palabras extrañas que no entendía.  Le salían bocanadas de sangre continuamente de la boca. Su cara se retorcía para crear muecas deformes una tras otra. Se abalanzó sobre mí y presa del pánico le clavé las tijeras en el hombro. Empezó a brotar muchísima sangre.
   
-Luego me desperté aquí en este antro atada a una cama.
Amiga te juro que es verdad, te prometo que es lo que vi…

Intenté tranquilizarla, decirle que no se preocupara, ahora estaba a salvo en el Hospital.

-      ¿Dónde está Marc? Hace días que estoy aquí y aun no ha venido a verme. ¿Sabes cuando vendrá?

Mi estado de angustia rozó cualquier límite tolerable. No supe que responderle. Marc, pobre Marc. Él era el compañero de piso de María. Aquél día la escuchó gritar cuando subía las escaleras hacía su piso. Entró rápidamente y como buenamente pudo abrió la puerta de la cocina mientras María se lo impedía. Al entrar, ella le clavó varias veces unas tijeras. A los ojos de María Marc era un monstruo.
Ahora está en el hospital recuperándose.

Me comentó que María escuchaba voces desde hacía un par se semanas pero que no le quiso dar importancia.

María esta aquí, frente a mí. En el Hospital Psiquiátrico de Bétera. 

Nada fue real, solo en la cabeza de María.

Su diagnóstico: Esquizofrenia Paranoide. 

-          ¿Me crees? ¿Amiga me crees?- me preguntó
-          Si. – le contesté. 

Y le sonreí y ella me sonrió.



martes, 22 de enero de 2013

Psique en el Aqueronte



                     Las puertas del inframundo jamás se cerraron.

               Echad un vistazo leve pero inteligente a vuestro alrededor.

Hades, dios del Inframundo, cuando nadie se lo impide envía una horda de espíritus a vuestro mundo.

                Algunos tratamos de mantener una continua guerra en los límites del Aqueronte. Un rio invisible a los ojos humanos que separa vuestro mundo conocido del reino de los muertos.

                Durante milenios la literatura os hizo creer que esas puertas estaban cerradas. Algunos años el buen custodio de los que llamáis Ángeles así lo hizo parecer. Su merma en filas ha sido constante y prolongada quebrando el equilibrio entre lo que llamáis Bien y Mal.

                Hades en los últimos cien años ha logrado enviar a vuestro mundo más esbirros de lo normal. Creando un Caos a nivel mundial.

                Estos esbirros con espíritus ruines y cuerpos deformes eran castigados durante milenios sometiéndolos  a torturas impensables y atroces. 

                Los espíritus llegan a vuestro lado humano y se introducen en los cuerpos de niños inocentes. Viven como parásitos hasta que cumplen 16 años y “despiertan”. Algunos pasan la transición tomando plena posesión del cuerpo y otros, quedando restos de la antigua alma, terminan por suicidarse.

                Solamente algunas almas, con nuestra ayuda, logran anular y exorcizarse del espíritu. En agradecimiento pasan a ser nuestros vigilantes cuya tarea es observar dentro del Inframundo, pues aún conservan resquicios de su vínculo allí.

                Aquellos que terminan habitando el cuerpo, se convierten por los años en personas de gran renombre que toman posesión de altos cargos, sobre todo en el ámbito de la política y la religión.

                Nosotros intentamos dar con ellos.       

                Tres somos los que podemos ir y volver del Inframundo. Caronte es mi barquero, obligado por los dioses a llevarme y traerme de vuelta por el pago del óbolo. Durante una época coincidíamos muy a menudo en las vigilancias. No es viejo como cuentan las leyendas, es fuerte y joven. Va siempre cubierto de cadenas, esclavizado a la barca. Al estar en contacto con ambos mundos tiene una doble personalidad, y nunca sabes con certeza qué parte tienes enfrente. Estoy buscando un manuscrito que cuenta como romperlas y poner a algún desgraciado ocupando su lugar. Tengo fe en que pisando suelo humano deje su parte oscura en el rio. Ahogue su maldad en él y la deje atrás.

                Yo soy Psique, prometida con un loco. El Dios Eros. Una cosa es la versión oficial y otra la real. Eros es un loco demente que va jugando a todas horas con unas flechas que le regalo su madre, Afrodita. Hace que los matrimonios más estables terminen separándose, que el hombre más hermoso se enamore de la fealdad absoluta. Que lo racional se convierta en irracional y la locura del amor, es al fin y al cavo lo que regala, convierte a la mayoría de seres humanos en desgraciados. Alguna vez, presa de una inusual lucidez,  dispara dos flechas para que un hombre y una mujer se enamoren locamente y permanezcan juntos por el resto de sus vidas.

                Hará siglos me prometió que jamás me lanzaría una. Si conseguía de nuevo mi amor sería de una forma libre y sin manipular mi voluntad.

                Jamás volví con él cuando supe de la guerra en las puertas del Aqueronte. Eros medio enloqueció y Afrodita jamás me perdonó que lo cegara, le fuera infiel y  mucho menos que no regresara para formalizar mi matrimonio. Por eso aun sigo en este mundo humano y de mortales pues Eros tiene una paciencia eterna conmigo y espera que vuelva a su lado.

                Los dioses no bajan de su Olimpo desde hará siglos, pero Eros es una excepción, como si una madre dejara a su hijo salir a jugar al parque.

                A veces me siento un poco culpable del desamor que existe en la humanidad pero… se me pasa cuando veo a Eros medio desnudo jugando con su arco.

                He vivido como una simple mortal, el óbolo me lo ha permitido. Lo llevo incrustado en una cadena que me rodea la cintura, regalo del barquero.
                Todo está preparado. Después de tantos milenios solamente quedo yo, la única capaz de ir y volver. Y 300 años después es hora de regresar al mundo de los muertos. Esta noche emprendo mi viaje, mi destino: las Puertas del Aqueronte.